Clate en la OIT 2019
URUGUAY

2019-06-12

¿Quiénes celebran en la OIT?


El secretario general de la CLATE, Martín Pereira, expresa en esta nota su rechazo a la decisión de la OIT de incluir a Uruguay en la lista de países que violan normas laborales. Y denuncia que la decisión está hecha “a medida” del sector empresarial que presiona para conseguir una reforma laboral. El reclamo de los trabajadores uruguayos llega directamente a Ginebra de la mano del Presidente de la Confederación, Julio Fuentes, quien encabeza la delegación de dirigentes estatales de la Región.


Por Martin Pereira*


Uno hubiese imaginado que esta 108ª Conferencia Internacional del Trabajo, que se desarrolla estos días en la ciudad de Ginebra (Suiza), la cual reúne a más de 6.000 delegados de todo el mundo y cuyo cometido principal – nada más y nada menos, que en el marco de los 100 años de la creación de la OIT- es encontrar soluciones ante los desafíos del futuro del mundo del trabajo. Eso hubiese sido motivo de celebración.

 

Sin embargo, lamentablemente, nuestro país recordará con pena y vergüenza haber sido en ese contexto, incluido en una lista de 24 países por denuncias presentadas por el sector empresarial sobre violación de normas laborales, conjuntamente con países como Brasil, Honduras, Nicaragua, Filipinas, Zimbabwe, Turquía, Argelia y Fiji donde verdaderamente se avasallan derechos como la falta de libertad sindical y la protección del derecho de sindicación (CIT 87).

 

Es decir, nuestro país, tantas veces señalado como modelo en el mundo –incluso por su Director General Guy Rider, quien señaló que Uruguay es un país en el que "se practica" el diálogo social y eso lo convierte en un ejemplo para otros- integre una “lista negra” junto a países donde no se respetan siquiera los derechos humanos, donde no están algunos denunciados por asesinar sindicalistas, o por emplear formas de trabajo esclavo e infantil, o de precarizar al extremo sus condiciones.

 

Es verdaderamente inconcebible e inexplicable que un país como el nuestro pueda ser expuesto por pequeñas razones, cuando en el mundo se amenaza “la paz universal y permanente” como reza –y recuerda- el mandato original de la OIT, pues la organización fue creada en 1919, como parte del Tratado de Versalles, al finalizar la Primera Guerra Mundial, con la convicción de que la justicia social era esencial para alcanzarla. La OIT nació considerando la existencia “…de condiciones de trabajo que entrañan tal grado de injusticia, miseria y privaciones…” que resultaban urgente mejorar.

 

Sorprende que cuando la misión estratégica de la OIT es promover y cumplir las normas y los principios y derechos fundamentales en el trabajo, creando mayores oportunidades para que mujeres y hombres puedan tener empleos, ingresos dignos, y una seguridad social para todos, lo piense sobre la base del fortalecimiento del tripartismo y el diálogo social, se incluya a nuestro país en una lista –donde se excluyen otros, donde siquiera existe la negociación colectiva o el respeto a la vida- cuando Uruguay comparte con Noruega el cuarto lugar en el conjunto de países miembros en cantidad de convenios internacionales ratificados, lo que da cuenta del avance y desarrollo en materia de legislación laboral que ha incluido desde la regulación del trabajo en el sector doméstico y rural, reglamentar las tercerizaciones, promover y garantizar el ejercicio de la actividad sindical y promover a lo largo y ancho del país la negociación colectiva, logrando que más del 95% de los trabajadores cuenten con un Convenio Colectivo que además de salario prevé condiciones de trabajo.

 

Se acusa a nuestro país de que el Gobierno es permisivo con las ocupaciones como medida de acción sindical y porque consideran que los empresarios están obligados a negociar en el marco del tripartismo de los Consejos de Salarios. No sólo sus argumentos resultan tibios y oportunistas, sino que también son refutables, ya que la libertad de trabajo está más que garantizada mediante acciones de amparo que rápidamente decretan la desocupación forzosa del local en pocas horas, sino que la ley vigente permite que las partes –empleadores y trabajadores- puedan negociar al margen de la participación del Gobierno, pero simplemente no lo hacen.

 

Por lo tanto, resulta evidente que el intento por parte de los empresarios es ocultar sus verdaderos motivos, a través de esta queja que no tiene efectos vinculantes, más de la querer dañar el prestigio internacional alcanzado por nuestro país en materia laboral. Lo concreto es que intentan promover cambios en las legislaciones laborales (reformas laborales) que degraden y cosifique al trabajo exponiéndolo a los vaivenes del mercado sobre la excusa de la modernización o la actualización de las regulaciones laborales ante nuevas formas de trabajo.

 

Lo cierto es que la OIT llama a impulsar la justicia social y a promover el trabajo decente en el marco de la celebración de su Centenario. Esta frente a una dura parada, una encrucijada política: mostrar que fue creado para corregir las asimetrías de poder existentes entre empleadores y trabajadores, impulsando acciones que demuestren que el camino correcto es profundizar la negociación colectiva y el diálogo social como herramienta para la transformación eficaz y eficiente para alcanzar la equidad social, como es ejemplo nuestro país, o dar el brazo a torcer ante posturas conservadoras, minoritarias y retrógradas que avasallan derechos, que precarizan y cosifican al trabajo, tratándolo como una mercancía más, siendo un derecho inalienable.

 

Lo que está en disputa es una mirada al futuro, una manera de concebir el mundo, una forma de soñar. Resulta evidente para que el golpe que pretenden asestar las cámaras empresariales de nuestro país, al presentar esta queja infundada es la de dañar su reputación internacional, intentando poner en jaque los avances alcanzados en materia de relaciones laborales, a impulso de nuestro movimiento sindical unitario y organizado.

 

La derecha conservadora de nuestro país nucleada en el sector empresarial buscar, a partir de la inclusión de nuestro país en una “lista negra”, oprobiosa, inconcebible e injustificable; sacar provecho electoral, a pocos meses de una elección, en el que el país deberá decidir si retornar al modelo neoliberal con lógicas que fueron nefastas, y que se tradujeron en retroceso en lo social, con bolsones de pobreza, indigencia y marginación, como está sucediendo en varios países de la región, o continuar un proceso de profundización de derechos que permitieron, entre otras cosas, crecer y distribuir, mejorado sustantivamente en términos de justicia y equidad social.

 

Todo ello fue posible ineludiblemente gracias a la lucha, negociación colectiva y el diálogo social, principal herramienta de nuestro movimiento sindical para avanzar en democracia, junto con los más desprotegidos. La actitud adoptada por los empresarios no solo busca, dañar la imagen de nuestro país, o herir de muerte al derecho de huelga, sino que es una señal política de dimensión mundial, para todos los trabajadores del planeta, que disimulados en un aparente interés por modernizar o adaptar la normativa laboral de cara a las transformación del mundo del trabajo ante la irrupción de nuevas tecnologías, aprovechan para retomar “viejas recetas”, imponiendo sus lógicas de desregulación y flexibilización del mercado de trabajo, erosionando derechos, empeorando condiciones y pauperizando a los trabajadores.

 

Acá es claro vienen por nuestros derechos, vamos a defenderlos con todas nuestras fuerzas y con la solidaridad del Movimiento Sindical es su conjunto a nivel nacional como internacional, junto a los movimientos sociales históricos aliados como los son estudiantes y cooperativistas.

 

La última palabra quizá la tenga la OIT.

 

 

*Presidente de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado del Uruguay (COFE)

 


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